LA EDUCACIÓN AMBIENTAL COMO CAUSANTE DE RECUERDOS

El olor de la lluvia, la retama en flor, el aroma de las jaras… son sensaciones que nos evocan recuerdos imborrables. Imágenes mentales que nos retrotraen a ese momento de nuestra niñez en el que fuimos (y seguimos siendo) felices. Cuando crecemos disfrutando de la naturaleza, generamos un vínculo irrompible con ella y con aquellas personas con las que compartimos esos momentos.

Reflexionando como tantas veces hacemos cuando planteamos las actividades, y cursos, nos dimos cuenta de que el motivo por el que nos dedicamos y ponemos nuestros esfuerzos en la educación ambiental, va mucho más allá de tratar de conseguir una sociedad más sostenible, sino que nos apercibimos de que el motivo real de estar en este momento haciendo esta labor es que hace ya muchos años alguien de nuestro entorno más cercano se preocupó por compartir e invertir en nosotros un tiempo de valor incalculable en el cual nos acercaron la naturaleza y nos enseñaron a apreciar y entender el medio natural. Por ello, nos dimos cuenta de que la educación ambiental es mucho más de lo que advertimos cuando habitualmente pensamos en ella.

La educación ambiental y las actividades de turismo de naturaleza pueden ser una herramienta fabulosa no sólo para la concienciación hacia un futuro más sostenible, sino también para forjar vínculos y generar recuerdos que perduren en el tiempo en los más pequeños. Esos recuerdos, se instalan en el cerebro y permanecen de por vida, y lo que aún es más importante, contribuyen a forjar una parte de la personalidad y los valores de un individuo, y eso, perdura para siempre y se transmite de generación en generación.

Queremos ser una herramienta para ayudar a generar esos lazos y esos vínculos indestructibles. Aportamos aportamos el diseño de las actividades, las dinámicas y los conocimientos, pero creemos que no hay mejor manera de aprender a amar nuestro medio que hacerlo de la mano de nuestros seres queridos a los que queremos y admiramos (en especial cuando hablamos de jóvenes, este sentimiento de admiración y este proceso de aprendizaje es mucho más intenso).

Cuando invertimos en educación ambiental, lo hacemos por muchos motivos: principalmente porque pensamos que es la mejor manera de garantizar un futuro sostenible, ya que sólo educando y enseñando a amar y valorar la importancia de nuestros ecosistemas conseguiremos una generación futura que luche por preservar los entornos naturales. Sólo escuchando el canto de un ave podemos apreciar su belleza y la complejidad de su lenguaje. Sólo cuando hemos disfrutado de los aromas del campo podemos horrorizarnos de los incendios que arrasan hectáreas de bosque. Sólo cuando se nos eduque en el respeto por la naturaleza seremos capaces de demandar y luchar por los derechos de ésta y sólo con generaciones futuras concienciadas se podrá garantizar la supervivencia de todas las especies sobre La Tierra (incluida la nuestra).

Por todo lo anteriormente dicho, reclamamos la educación ambiental no sólo como herramienta de sensibilización y divulgación científica, sino también como motor generador de recuerdos, sentimientos y valores incorruptibles e incalculables.

Por Alicia Jurado López

Guía de naturaleza – especialista en educación ambiental.

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